Todo lo escrito es propio, personal e instransferible. Sólo el hecho de compartir mis pensamientos y experiencias, con todos vosotros, amigos, ya es satisfacción suficiente. Gracias a todos por vuestras visitas y comentarios.
“La amistad dobla tus alegrías y divide tus penas”, reza el papel que lleva en la frente la mujer de la imagen. Pero, ¿qué sucede cuando la premisa es la inversa, y dobla nuestras penas y divide nuestras alegrías?
Toda relación implica sufrimiento, pero este dolor tiene como fin fortalecer la amistad, aunque a priori la debilite o la haga tambalearse. Son ya demasiadas decepciones y mucho dolor que no llega a ninguna parte. La amistad hay que cultivarla, cuidarla y sacrificarse por sacarla adelante. Esto es un proceso bidireccional que necesita de ambas partes para llevarse a cabo.
Últimamente no paro de darle vueltas a por qué hay gente que se empeña en hablar de amistad cuando únicamente tienen por ofrecer mentiras, falsas sonrisas y sufrimiento gratuito sin sentido. No me sirven fútiles palabras que no toman forma y cuyo único propósito son avivar la llama de la duda y el desánimo.
No obstante, este tipo de gente no son más que una página a arrancar del libro que conforma nuestra vida, sin rabia, sin rencor, pero con la tranquilidad de saber que no vale la pena y de sentirnos libres, felices.
En el siguiente vídeo de la serie House D.M. escuchamos básicamente el siguiente diálogo entre el polémico doctor y una paciente suya que acaba de sufrir una situación personal muy desagradable e intenta buscar consuelo en la persona que en ese momento siente más cercana (House):
− ¿Su vida va a depender de lo que le digan en una habitación? − Este momento va a depender de con quien estoy en esta habitación. Eso es la vida, una serie de habitaciones, y aquellos con quien coincidimos en ellas configuran nuestras vidas.
La teoría del “carpe diem” nos invita a aprovechar el momento, a saborear cada instante y a vivirlo como si fuera el último. Pero no siempre estamos rodeados de gente conocida, en ocasiones son compañeros de trabajo, vecinos, o simplemente gente que viaja con nosotros en el metro o autobús. Así que me preguntaba, ¿cómo veo yo a estas personas y cómo me ven ell@s a mí? ¿Cuál es mi actitud con ellas y viceversa?
Muchas veces las ignoro. Otras entablo conversación o simplemente un saludo cordial entendido como un gesto de educación. Incluso dependiendo de la ocasión me hubiera gustado conocerlas más a fondo. No puedo parar de pensar en que son personas que no conozco y que forman parte de mi vida o, lo que es más importante, ¿cómo influyo yo en sus vidas? Resulta obvio que sería antinatural ir sonriendo indiscriminadamente, pero por ejemplo, cuando te pisan en el autobús tenemos tres posibilidades:
1)Sonreír y decir “no pasa nada”. 2)Ignorar a la otra persona y aguantarnos. 3)Poner mala cara.
Es obvio que nuestra respuesta no resulta indiferente a la otra persona. Todo lo que hacemos o decimos tiene consecuencias tanto en nosotros mismos como en los demás, independientemente de nuestra amistad o no con ellos. El Efecto Mariposa es una de esas películas que nos ayudan a darnos cuenta de como influenciamos y moldeamos las vidas que nos rodean.
Todos nosotros compartimos “habitación” a través de nuestros blogs y personalmente también formáis parte de vida, y ¡no os podéis imaginar lo contento que estoy de que así sea!
La definición de hipocresía según la Real Academia Española:
Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Ciñéndonos estrictamente a las palabras de la RAE la mayoría, en mayor o menor medida, hemos sido, somos o seremos unos hipócritas. Pero tanto o más que las conclusiones me interesan las causas. ¿Por qué actuamos o nos comportamos de forma hipócrita? Deben de existir unos patrones o estándares que rijan esta conducta, pero ¿cuáles?
Estos son mis razonamientos, quizás me equivoque, pero asumo el riesgo a hacerlo porque así lo creo, así los siento y así lo he vivido:
En primer lugar está la visión materialista del asunto. Esa persona tiene o me puede proporcionar algo que necesito, luego le sonrío y la trato como a un amig@ hasta conseguir lo que busco. En ocasiones sigue la farsa y en otras una vez obtenido lo deseado, c'est fini.
Otro aspecto más complicado surge al entrar en el terreno de los sentimientos. Y es que ¿quién no ha negado alguna vez estar enamorado de alguien cuando en realidad sentimos lo contrario? O ¿quien no ha soslayado con una sonrisa un comentario ofensivo cuando en el fondo nos ha dejado hecho pedazos?
Pero ya no me duelen los hipócritas, más bien los compadezco. Lo más gracioso es que al final acaban preguntándose porque se han quedado solos.
“Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón. Con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora”.
Susana Tamaro, “Donde el corazón te lleve”.
Curioso el funcionamiento de la mente y del cerebro humano. Hoy es uno de esos días en los que me encuentro vacío. Salen a relucir fantasmas del pasado, heridas ya cerradas y me encuentro otra vez llorando a cada instante. Hacía tiempo que no lloraba, o mejor dicho, hacía tiempo que no lloraba tanto.
Buscando las causas he llegado a la conclusión que están dentro de mí aunque no soy el único responsable. No te culpo de que hayas sido tú quien haya catalizado todo el proceso. Creo que necesitaba llorar de verdad, en el sentido más puro del verbo.
En unos días todos estos sentimientos habrán acabado y volveré a ser feliz, hasta que vuelvan a aparecer las mismas heridas, las de siempre, las que nunca sanan (o de momento no lo han hecho) y que se esconden en algún lugar recóndito e inaccesible para que no pueda extirparlas de mi alma.
¿Qué te gustaría hacer antes de morir? Tienes que saber la respuesta a esa pregunta. Si fueras a morir ahora, ¿cómo te sentirías respecto a tu vida?
Me costó una noche y dos semanas encontrar la respuesta a esta pregunta.
Antes de morir me gustaría agradecer a mi familia la oportunidad que me ha dado de existir, en especial a mi madre, por amar mis defectos y soportarme más que nadie con una paciencia infinita e inagotable.
Decir a mis amigos, los de verdad, los que comparten mis días, lo bien que me siento a su lado. Porque son ellos los me hacen reír, llorar, sufrir, los que me hacen mejorar como persona y los que me ayudan a levantarme cuando caigo sin exigir nada a cambio.
También pedir perdón a todos aquellos que he ofendido o incluso he hecho llorar. De verdad, lo siento de corazón.
Volver a embriagarme de ti, sentir que formamos un sólo ser, que nuestras almas se funden en una, canalizando nuestro deseo y persiguiendo un único fin hasta sentir un efímero infinito.
Ser totalmente independiente, aunque sea un instante.
Tener un conversación “cordial” con aquellos que me hicieron sentirme un mierda, para darles las gracias por haberme mostrado como no debe comportarse un ser humano.
Si fuera a morir ahora tendría la sensación de que me queda una gran cantidad de cosas por hacer, un montón de palabras que decir, de sueños que cumplir, de corazones que llenar.
poseer alcanzar lo amado gozar ya que poseer lo amado significa gozo conocer (no se puede amar lo que no se conoce) dialogar compartir estar juntos alegrase (quien ama está alegre) perdonar ayudar y estar pendientes de las necesidades del otro sacrificarse por la otra persona cuidar curar siempre que se pueda los defectos del ser amado compadecer o padecer-con los problemas del otro consolar acoger (la llegada del amado es siempre alegre) comprender escuchar en vez de estar esperando nuestro turno para hablar obedecer (actuar gustosamente con la voluntad del otro) prometer porque es entragar nuestro futuro al amado ser leal confiar decir la verdad sin herir, buscando el momento oportuno. regalar de forma inesperada y con ilusión, desprendiéndose de algo que cueste. agradecer darse porque el regalo más valioso es uno mismo. enseñar corregir cuando vemos que la persona amada se equivoca mirar con amor todo lo positivo y bello, o dicho de otro modo, contemplar es mirar amando. vivir
Quien esto escribe no está enamorado, quizás por eso he sido capaz de hacerlo de forma objetiva y sin caer en la cursilería, creo.
Si alguién tiene alguna sugerencia más para completar mi lista o eliminar algo de ella, decídmelo por favor y así la completo. Por último decir que no sólo he pensado en el amor de pareja, sino también en el de amistad o en el podamos sentir por hacia nuestra família.
No he cenado. Tengo un dolor de cabeza inmenso y cada vez que tecleo algo en el ordenador es como si me clavaran una aguja en el cerebro, pero si estoy escribiendo esto es porque realmente me importa(s). Hace diez horas que no paro de llorar por dentro. No todos los días se pierden buenas amigas. Me da igual de quien ha sido la culpa, porque ya nada importa y nada volverá a ser como antes. Sé que seguirás defendiendo tu postura y que mi opinión tampoco cambiará. No puedo pensar más en ello porque cuánto más pienso, más me frustro, y cuanto más me frustro más pienso. No sé, quizás nos hayamos conocido en una época extraña de nuestras vidas.
También quiero que sapas que no te guardo ningún rencor, y que valoro más los buenos momentos, nuestras risas entre cerveza y cerveza, nuestras discusiones sobre química, las conversaciones sobre cine... que todo lo demás.
P.d. Nunca he tenido, tengo ni tendré celos de tu novio, ¿por qué iba a tener celos de alguien que globalmente en 2 años te ha hecho más infeliz que feliz.
… se me ilumina la cara cuando escucho tu nombre … insistes en hacerme reír … liberas todos mis miedos con tu sonrisa … vacilo cada vez que no caminas a mi lado … ignoro tus defectos … anhelo tus ojos, como un preso la libertad
Hacer cosas cambia las cosas, no hacer nada deja las cosas como están.
David era un chico normal, con mucho sentido del humor, amigo de sus amigos, y responsable en su trabajo. Estaba enamorado de Cristina, una de sus mejores amigas. Le encantaba su manera de ser, su sonrisa contagiosa, su pelo fino y sedoso, sus ojos color miel,... Sin embargo, y a pesar de que cada noche se repetía que mañana lo hablaría con ella, en el momento de la verdad le invadía el pánico y lo dejaba estar.
Cristina era una mujer inteligente, muy trabajadora, con un humor un tanto variable, pero con gran corazón. Tenía novio pero se sentía atraída hacia David, para ella un amigo insustituible. Por un lado no se atrevía a acabar con su actual relación, mientras que por el otro era incapaz de aceptar y confesar lo que sentía por David.
Cuando estaban juntos el tiempo pasaba rapidísimo, se sentían felices. A pesar de que tenían claro que merecía la pena intentarlo, ninguno se atrevió a exteriorizar sus sentimientos, o lo que es peor, ninguno aprovecho la oportunidad para ser feliz con la persona que realmente amaba.
Hacía tiempo que no sentía, al menos no hasta el punto de que me nublase el pensamiento y penetrara el enorme muro de hierro que rodea mi corazón. Verte allí, tan indefensa, inocente y autentica me hizo revivir sentimientos humanos, reales, que ya creía olvidados.
Observar cómo comías, reías, llorabas fue algo fantástico que me ayudó a darme cuenta de que me queda mucho por aprender en esta vida. Sobretodo que a veces es necesario abandonar lo racional para simplemente dejarse llevar y sentir.
“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.” Marco Tulio Cicerón
¿Por qué nos cuesta tanto hablar de forma sincera y abierta de cualquier cosa importante, especialmente de nuestros sentimientos? Muchas veces tenemos la necesidad de compartir aquello que sentimos, aunque precisamente lo que sentimos no sea compartido. Pero en el momento preciso se nubla nuestro pensamiento y acabamos echándolo todo a perder, pensando que la vida nos brindará mañana otra oportunidad. A veces por miedo, por cobardía o por las consecuencias que puedan acarrear mis palabras, hablo con la almohada a modo de burdo consuelo. Creerme, no sirve de nada (hacerlo acompañado de un buen whisky tampoco, a pesar de que sea más llevadero). Soy capaz de sincerarme en casi todo y con todos, menos con lo que respecta a mis sentimientos. No me gusta decir la verdad acerca de ellos. El motivo no es que me hagan vulnerable, sino que en este aspecto me he acostumbrado a apostar sobre seguro. Por eso callo.
He llegado a la conclusión que la verdad debe ser la máxima prioridad en todos los aspectos, aunque duela, a pesar de que sus consecuencias nos taladre el corazón y las heridas no cicatricen jamás. La mentira y el (auto)engaño, nos guste o no son la base de nuestra sociedad, y tengo la sensación que quién mejor tergiversa la realidad son nuestras personas más allegadas; padres, pareja y amigos. Y a estas alturas de mi vida me pregunto, ¿a alguien le importa si yo deseo conocer la verdad o maquillar la realidad para quizás sentirme un poco mejor? Creo que es de justicia que me dejéis escoger a mí, y sólo espero que todos seamos un poco más valientes.
El texto que viene a continuación lo escribí hace ya unos años en plena adolescencia, y simplemente me apetecía compartirlo con todos vosotros:
El cordero no esquizofrénico no se atreve a comer hierba porque sabe que hay lobos que acechan hambrientos y mosquitos sedientos de sangre. Habrá un día en el que el rico se arrodillará ante el indigente para acabar con su eterna agonía, con su egoísmo. El que no tenga algo de tigre y de búho nunca merecerá el amor de una mujer. Sin embargo nuestro alrededor habla y actúa de forma muy contraria. El aroma de los bosques, el idioma indescifrable de los animales ya no es el mismo. Los ruiseñores ya no hechizan, su magia se ha acabado, mejor dicho, las manos turbias y asesinas han terminado con todo. Un futuro incierto nos abruma y nos confunde. No obstante todos encontramos una estrella que nos da esperanza y nos protege. Ilusión ingenua y dulce. Jóvenes cavilaciones que nos arman de valor, de vida, de una fuerza sobrehumana de origen desconocido. Puede que baje de allí arriba; es lo que yo creo. Hay días en los que hibernar como los osos no sería algo inútil. Aunque huir y despreciar la verdad no lleva a ninguna parte. Hay que rebelarse en este presente y conocer el pasado. Quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Es difícil obviar el presente porque formamos parte de él. Cada gesto despectivo, cada palabra envenenada, cada pensamiento impuro encenderá una llama abrasadora y mortífera que provocará la carcajada triste del fuego. Malinterpretamos el dialogo a gusto de cada uno. El paraíso es escuchar, aunque si por error se deforman y tergiversan las palabras mas convendría ser sordo. O no existir. No sé dónde oí una frase sin desperdicio: “no juzguéis si no queréis ser juzgados”. Mañana despertaré y todo seguirá igual. Me resigno a sentarme y ver como el río sigue su curso hasta desembocar en el mar. Hay mucho por hacer y poco tiempo. Imagino una estrella fugaz aunque no siempre brilla y reluce. Todo transcurre velozmente en la oscuridad. Únicamente aquel que se admire encontrará la luz, la salida. Nos envuelven sentimientos, pensamientos que pueden herir si la paciencia no habita en nosotros. Es necesario elegir el lugar y el momento adecuado. Cerciorarse de que la rana aún conserva su condición de anfibio.
Este texto es consecuencia de la indignación, la rabia y la impotencia. Resulta que este viernes fuimos a cenar al restaurante/bar Nostromo de la calle Ripoll nº 16 de Barcelona. El sitio a priori resulta muy acogedor, lleno de estanterías con libros, cuadros de pintura y tableros de ajedrez por todas partes. No obstante, al empezar a cenar (que es de lo que se trata), tanto la comida cómo la bebida dejaban mucho que desear, no tanto en la calidad, baja como en la mayoría de los sitios sino sobretodo en la cantidad. Entrando ya en detalles concretos, en nuestra mesa éramos 8 personas entre las cuales nos teníamos que repartir un platito de jamón, otro de salmón, unos de mini o micro salchichas, otro de mini o micro pimientos, un platito de revuelto de huevo con setas y uno de calamares. Jamás me había ocurrido en la vida ir a cenar y que tocará tan poca cantidad por persona. Lo curioso es que todos tuvimos la sensación de no haber cenado. La indignación llegó cuando vino el camarero a preguntar qué queríamos de postre. Nosotros, enfadados pero no exentos del sentido del humor contestamos: pues de postre un entrecot por favor! (que nadie se engañe que no lo trajeron). Durante la cena nos quejamos varias veces sobre la poca comida servida por el restaurante, no sólo nuestra mesa, sino también otras dos más. Sólo una mesa consiguió que les trajeran un platito más de calamares, que yo sepa. Ah, y todo esto por el módico precio de 20 euros. Al pedir el libro de reclamaciones, no sólo no nos lo trajeron sino que el jefe no dio la cara en ningún momento. Y ya se sabe, el que se esconde es por algún motivo. Lo cierto es que no quisimos hacer más incapié en el tema porque estábamos de celebración. Únicamente deciros, amig@s, que si alguna vez tenéis que escoger un sitio en el que cenar en Barcelona, descartéis este ya de entrada, si es que queréis cenar, claro.
“Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad.”
Blaise Pascal (1623-1662)
“La duda, esa vaga nubecilla que, a veces, habita los cerebros, también puede entenderse como un regalo. Y no es -lo que queda dicho- una aseveración, ya que, sobre ella, tengo también mis dudas.” Camilo José Cela (1916-2002)
Frases como la anterior de Cela no es que sean un consuelo, pero sí un paliativo eficaz contra las dudas y contradicciones que me asaltan. En ocasiones creo llevar dentro una semilla desconocida que brota cuando menos me lo espero, poniendo en tela de juicio hasta mi propia existencia. Hay días en los que siento una fuerza inusitada en mi interior capaz de sobreponerse a cualquier contratiempo o adversidad, mientras que a veces apenas puedo soportar mi propio peso.
Mucha gente cree que la felicidad se encuentra fuera de nosotros mismos, por lo que la busca desesperadamente lejos de su corazón, o dicho de otro modo, en un corazón ajeno. Quizás sea una manera de alcanzarla, o quizás no. Antes debemos indagar en nuestras propias entrañas, adentrarnos en nuestro infierno personal, para luego pasar al purgatorio, y finalmente al cielo. Estoy de acuerdo en que duele, incluso más de lo que creíamos, pero es la única forma.
Y es en esta travesía por mis propios infiernos donde me encuentro ahora, intentando hallar respuestas para forjar un presente más real, más sincero. La confusión y la contradicción se han convertido sin quererlo en mis compañeras de viaje, en mi sombra.
Es por todo esto que:
No quiero irme, ni tampoco quedarme.
Te odio y te amo, te deseo y te aborrezco, te admiro y te compadezco, te juzgo y luego te eximo de tus culpas, te rescataría y te dejaría a la deriva, te enviaría al cielo y al infierno, te regalaría y te robaría, te cambiaría y me quedaría contigo, te daría libertad y te secuestraría.
Me sorprendes y me decepcionas, me haces reír y llorar, me enfermas y me curas, me lo das todo y no me das nada, me iluminas y me ciegas.
Pd: siempre hay luz, tenue pero la hay, al final del túnel.
Resulta que a diario llegan a nuestras costas pateras cargadas con hombres, mujeres embarazadas y niños, muchos de los cuales muren al intentar cumplir un sueño: vivir dignamente. Siempre me ha condicionado mucho la desigualdad social. Nunca he entendido (y creo que jamás lo lograré) porque hay gente que posee hasta una isla privada, mientras que otros no tienen absolutamente nada. Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” sostiene la tesis que nuestro cuerpo no es más que una máquina de supervivencia controlada por nuestros genes, cuyo único objetivo es la conservación de los mismos a través de la supervivencia y reproducción de la especie. Por otro lado, también defiende que el altruismo o ayuda desinteresada al prójimo no viene determinada por nuestros genes (por suerte), sino que influyen otros factores que dependen de la propia persona.
Bajo mi punto de vista somos seres egoístas que buscan en primer lugar, el bien propio, y después si sobra tiempo y ganas el ajeno. Por todo es sabido que el negocio más rentable en el mundo es el tráfico de armas, tema que por cierto trata Andrew Niccol en su película El Señor de la Guerra. A modo de curiosidad, el AK-47 o Kalashnikov es el arma bélica más utilizada, y por ende la más vendida. A pesar del amor, la fe y la lealtad inquebrantable que profesan algunos a nuestro país, según una noticia publicada el 6/8/08 en www.elpais.com España bate su récord en venta de armamento y supera los 900 millones de euros. En definitiva sólo importa el dinero, y desgraciadamente en estos tiempos de crisis que nos acechan aún más. Entiendo que la gente esté preocupada por el dinero, puesto que éste no cae del cielo y de algo hay que vivir. Por otro lado, a muchos nos llega de sobras para nuestras necesidades básicas, aunque me retracto de la afirmación anterior si queremos un buen coche, ropa de calidad o un apartamento en la costa. En ocasiones me planteo si no estaremos pagando un alto por nuestra felicidad.
Me vienen a la mente imágenes de algunos años atrás como la manifestación en contra de la guerra de Irak pidiendo paz en el suroeste asiático. Me pareció un gesto oficialmente inútil dado que el gobierno acabó desoyendo la voz del pueblo, pero humanamente interesante. Ahora bien, ¿por qué no nos manifestamos por una situación tan desagradable y cruel como el tráfico de armas o el tema de las pateras? Sólo se me ocurre un único motivo. Lo de Irak no fue una cuestión social sino política. No obstante, a ver si tengo suerte y en las vísperas de las próximas elecciones puedo volver a Plaza Catalunya en plan reivindicativo.
Voy a narraros o describiros mi primera experiencia seria e individual con un vagabundo de mi barrio. Mi objetivo inicial era el de intentar invitarle a un bocadillo y a una bebida, y de paso que me explicara el porqué de su situación. Soy bastante tímido en general, así que me costó mucho acercarme y sentarme en el mismo banco (tal y como se muestra en la foto, yo me coloqué a la izquierda).
Me asaltaban muchísimas dudas tales cómo ¿y ahora que le digo? ¿pensará que actúo por un sentimiento de lástima y me dará de largas? Al final me armé de valor y le pregunté su nombre. No me contestó. Le pregunto su edad y me dice que no se acuerda. Fueron sus únicas palabras. Aprovechando que tenía un periódico en la mano, le animo a que comentemos juntos la noticia de la portada. Pero nada de nada. Se muestra esquivo, reacio, ignorándome como si yo no formara parte de su mundo. Él, impasible, observa a la gente ir y venir. Despreocupado de todo y de todos, se limita a observar lo que le rodea cual sujeto pasivo. No obstante sigo preguntándole sobre el tiempo, pues hacía mucho calor, pero ahora me da la espalda, quizás como el mundo o Dios se la haya dado a él. Camina siempre junto con un carro de la compra lleno de sus pertenencias. Es todo lo que tiene, aunque puede que no necesite más. Dubitativo, me pregunto si el infeliz y el que no aprecia lo que tiene seré yo. No logro comprenderle, dado que nunca he estado en su situación.
La gente pasa y ni le mira. O dicho de otro modo, se sorprenden de mis infructuosos intentos por conversar con él. Todos somos alguien, tenemos un nombre, un pasado y la amistad y la bondad no entienden de pobreza o de riqueza. Como decía el escritor William Blake: “la piedad no existiría si no hiciéramos a nadie pobre”.
Siempre me ha llamado la atención la frivolidad al narrar una tragedia en las noticias (se han perdido "x" vidasen un atentado o guerra…) o peor aún, nuestra impasividad ante tal acontecimiento curiosos en el sofá de casa por conocer la siguiente noticia. Que más da, si sólo son vidas.
Consciente de que lo único que no ha perdido todavía es su libertad, y entendiendo que mi presencia le incomoda, desaparezco para volver a casa triste reflexionando sobre lo ocurrido.
Todo lo escrito es propio, personal e instransferible. Sólo el hecho de compartir mis pensamientos y experiencias con todos vosotros, amigos, ya es satisfacción suficiente. Gracias a todos por vuestras visitas y comentarios.